Cuento de Claudia de Ángelis


EL DESTINO DE LAS PALABRAS

Después de leer la página marcada en el libro, los miró y guardó silencio. Separó la silla del escritorio y caminó por el aula entre pupitres gastados y la humedad invernal. Se sentía raro, sabía que sus palabras se habían sentido como un cachetazo. Había mucho para gritar, pero prefirió morderse los labios. Aquellos ojos de miradas vacías y estériles no hacían más que seguirlo sin parpadear.

El sonido de las palabras enmudecidas lastimaba como una herida abierta. Esperaba que alguien se expresara, pero fue inútil. Estaban acostumbrados a callar, a silenciarse con todos sus sentidos. Tenían miedo de gritar, de ser ellos mismos y de ser aceptados.

Una imagen en su mente lo distrajo por unos segundos. Era joven otra vez. Estaba en la estación del ferrocarril donde esperaba. Volvía a experimentar esa emoción del día en el que entró a la escuela N.° 37 “Las Lomitas” por primera vez. Los bancos vacíos, las paredes descascaradas, el piso de material, parecían esperar a alguien.

Recordó sus temores y luego su perseverancia, esa cualidad que lo había animado siempre a seguir cuando sus fuerzas parecían desvanecerse.

En poco tiempo, Juan festejaría diez años en el ejercicio de su profesión. Cuando se dio cuenta que estaba parado quieto en el aula y colgado de sus recuerdos, reaccionó. Deslizó los anteojos por su cabello entrecano y refregó sus ojos.

El murmullo de las palabras de sus alumnos era el único sonido audible. Preguntaban, aludían, comentaban, se declaraban y para Juan todo esto era un logro. La palabra dicha en voz alta o a través de los gestos. La piel manifestarse. Aquel destino que había comenzado en la estación de tren había sido escrito para él.

Cuando llegó la hora de finalizar la clase Juan se despidió, pero sus alumnos continuaron sentados en sus bancos; sabían que allí algo había cambiado. Por primera vez, habían sido escuchados y habían aprendido a escuchar.


Copyright © 2013. ® Claudia de Ángelis. Buenos Aires, Argentina



Ilustración: Estudiantes en clase, de Jorge López Lorenzana



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